martes, 15 de junio de 2010

UNAMOS NUESTRAS VOCES

Me hice la promesa, y se la hice al señor Coronel Alfonso Plazas Vega, de no dejarlo solo.

En esta ocasión traigo como invitado a www.palaciodejusticia.org , sitio dedicado a mostrar la verdad sobre el atentado terrorista al Palacio de Justicia, y sobre el inmisericorde acoso judicial de que fue víctima el oficial que comandó la unidad táctica encargada de ingresar al sitio para iniciar la recuperación de las instituciones democráticas por vía de las armas de la República.

Referencia: http://palaciodejusticia.org/index.php?option=com_content&view=article&id=130:talibanismo-judicial&catid=26:prensa-escrita&Itemid=56

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Talibanismo Judicial

Hace unos días, cierta prensa trató de hacernos creer, con ayuda de unas encuestas, que Antanas Mockus ganaría la primera vuelta de la elección presidencial. Era una mentira. Esa misma prensa, con la ayuda de una juez, trata ahora de hacernos creer que el coronel Luis Alfonso Plazas Vega, el héroe de la liberación del Palacio de Justicia en noviembre de 1985, quien rescató a 244 rehenes que habían caído en manos de los terroristas, es el responsable de las “desapariciones” del palacio de Justicia.

Estamos de nuevo ante una gran mentira.

La sentencia inicua mediante la cual una juez de Bogotá, María Stella Jara Gutiérrez, condenó, en primera instancia, al coronel Plazas Vega a 30 años de prisión no inspirará el respeto que normalmente merece toda decisión de justicia de un país democrático.

Pues esa sentencia es la negación del debido proceso.

De hecho esa sentencia, en lugar de aportar serenidad, aporta incertidumbre, estupor y amargura al país. Los legítimos pronunciamientos de altas personalidades del gobierno, del Estado, de la prensa y de la sociedad civil contra esa sentencia, muestran que Colombia no está dispuesta a aceptar esa nueva impostura. No hay justicia sin verdad.

No hay Derecho sin respeto de las reglas de Derecho. Lo jurídico descansa sobre unas normas preexistentes y sobre un procedimiento. El jurista Jhering decía que “el procedimiento es la hermana gemela de la libertad”. Esos principios fueron pisoteados en el proceso del coronel Plazas Vega.

La sentencia de la juez Jara es aberrante pues no hay en ella correlación alguna entre la salvaje sanción impuesta y la prueba de la culpabilidad. Es inaudito pero es cierto: el Coronel Plazas ha sido condenado en basa a nada. En la sentencia no se encuentra ni confesión del acusado, ni la prueba irrefutable de que él haya cometido el delito que le reprocha la juez. ¿Dónde está la prueba material irrefutable de que él ordenó, o de que él realizó personalmente, la “desaparición forzada agravada” de unas personas?

En ninguna parte.

En la sentencia de 302 páginas no hay el menor rastro de una prueba en ese sentido. De una prueba cierta, verdadera, franca. Solo hay conjeturas y especulaciones dudosas del abogado de la parte civil, las cuales son acogidas por la juez. Esta acepta como pruebas, y finca su decisión final, sobre testimonios espurios, repudiados por el Ministerio público y por la defensa.

Ni siquiera hay indicios serios, repetidos y concordantes, contra el acusado. Lo que sí hay son elucubraciones en el aire, suposiciones, deducciones y teorías insólitas. Sobre todo deducciones gratuitas, sin soporte material, ni basada en hechos comprobados.

Ese proceso no buscaba la verdad judicial. Buscaba demostrar una tesis y destruir físicamente y moralmente al acusado. Nunca hubo allí equidad, ni garantías para la defensa. La instrucción no logró probar que Plaza Vega tuviera algo que ver con los llamados “desaparecidos” del palacio de justicia.

Por eso la Procuraduría y la defensa del Coronel pidieron que el acusado fuera absuelto. Por eso el Procurador General de la Nación y el abogado del Coronel anunciaron que interpondrán el recurso de apelación contra esa sentencia.

Quienes responsabilizan al coronel Plazas y a otros militares por la tragedia del palacio de justicia tuvieron 25 años para investigar ese asunto y para conseguir pruebas sólidas. ¿Dónde están? No están, en todo caso, en manos de la juez, pues ésta no las presentó en la sentencia.

Esos acusadores, que dicen buscar la verdad, se niegan a pedir que se investigue a los ex miembros amnistiados del M-19, quienes detentan, probablemente, muchas verdades acerca del horrible crimen que cometió el M-19 ese día. Pues no les interesa saber quién es el verdadero y único responsable de esa tragedia. Sólo quieren, con el proceso contra los militares, golpear al “enemigo de clase”, a los defensores del Estado y del gobierno legitimo.

Ellos no podían encontrar nada pues se alejaron de la única investigación seria que se ha hecho de ese triste episodio: la del Tribunal Especial de Instrucción, el cual firmó su excelente informe el 31 de mayo de 1986. Esa investigación, realizada por dos eminentes magistrados, Jaime Serrano Rueda y Carlos Upegui Zapata, con la ayuda de diez jueces de instrucción, afirma que no hubo desaparecidos en el palacio de justicia; que “los llamados desaparecidos perecieron en el holocausto”, que esas víctimas del terrorismo “se consideraron desaparecidos porque sus cadáveres no fueron identificados”, pues sus restos fueron encontrados en un alto grado de calcinación que impidió toda identificación en esos meses y en los años siguientes.

Ese informe reitera que “existe un grupo de cadáveres que necesariamente corresponde a los desaparecidos”. El informe concluye esto: “El Tribunal considera que existe prueba suficiente en el sumario para concluir que tales personas fallecieron en el cuarto piso a donde fueron conducidos como rehenes en los primeros momentos de los sucesos”.

La investigación de la Fiscalía se apartó de ese enfoque por motivos ideológicos: pues había que probar que los militares “desaparecieron” una parte de los rehenes liberados. Sin embargo, nada prueba hasta hoy que eso haya sido así.

Esa condena de 30 años fue tomada por una juez, no por un tribunal. La colegiatura, en derecho penal, es esencial. Solo un tribunal puede abordar sin prejuicios desde el comienzo el proceso y decidir con conocimiento de causa. “La colegialidad es una garantía de buena justicia pues un hombre solo no puede discernir con holgura el juicio que conviene dar”, dice la profesora francesa de Derecho Marie-Anne Frison-Roche.

La fiscal y la juez, tuvieron más de tres años para buscar la verdad y no la encontraron, a pesar de que gozaron de todas las garantías, y tuvieron en sus manos todas las palancas (y hasta abusaron de éstas) para hallar la verdad. Pero no la hallaron. ¿Querían realmente hallarla? Una persona había sido designada como culpable desde el comienzo de la instrucción. Se trataba de impulsar un juicio político de escarmiento contra un símbolo de las Fuerzas Armadas, para sembrar el terror entre las fuerzas militares y de policía de Colombia y para hacer una exhibición de fuerza.

Ese veredicto es monstruoso pues se ha condenado a un inocente. Ese veredicto tiene, al menos, un lado positivo: el hará que millones de colombianos abran los ojos sobre lo que hay detrás de la crisis de la justicia colombiana.

Para atribuirle al Coronel Plazas la responsabilidad del crimen, la juez acudió al implante absurdo de una discutible teoría llamada de la “autoría mediata”, pues la fiscal había comprendido que no podía inculpar a Plazas como autor propio de un crimen. La fiscal optó por la vía indirecta: lo acusó de ser “coautor impropio”.

Pero la juez rechazó ese enfoque y optó por una teoría traída de los cabellos que consiste en decir que se le puede atribuir responsabilidad penal a una persona que no cometió un delito penal. La cómoda teoría, que puede dar para todo, sobre todo para cometer los peores abusos judiciales, como en el caso del Coronel Plazas, dice que esa persona puede ser vista como responsable de un crimen por el hecho de haber hecho parte de la “estructura organizada de poder”. Esa noción no existe en derecho positivo colombiano. Es un desarrollo reciente y cuestionable y que no es aplicado por los países democráticos por sus graves inconvenientes. Esa teoría poco clara pretende que se le puede imputar la “autoría mediata” de un crimen a una persona que no cometió el crimen o que no intervino directamente en la ejecución del crimen, pero que “dominaba la realización del crimen sirviéndose de un aparato de poder”.

La juez trata de mostrar los méritos de esa teoría diciendo que el jurista alemán Claus Roxin, inventor de la misma en 1963, logró incorporarla “a la dogmática penal a partir del caso Eichmann”. La juez calla un hecho. Esa teoría no fue utilizada en el proceso de Adolf Eichmann, realizado dos años antes del famoso invento de Roxin. El tribunal israelí condenó a muerte al verdugo nazi pues probó de manera ordinaria, clásica, la responsabilidad de éste en la Solución Final, sin valerse de curiosas teorías.

Pero incluso para aplicar la teoría Roxin hay que probar, al menos, que el responsable ordenó la comisión del delito.

En el caso del Coronel Plazas esa orden no fue jamás probada. En todo caso, el uso de esa teoría y la evocación del caso Eichmann en la sentencia del Coronel Plazas, muestra un a priori ideológico, una actitud militante y no imparcial de la juez. Ella considera de alguna manera que la acción del coronel Plazas en defensa del palacio de justicia, asaltado de manera sangrienta por terroristas marxistas, y en defensa de un régimen democrático y elegido por el pueblo en elecciones libres, es de la misma naturaleza que los crímenes de los nazis.

De ello se desprende otra conclusión: los otros militares cuyos procesos están en curso por la defensa que hicieron del palacio de justicia, y las otras personas que quieren atraer a esa trampa, serán vistos por la juez y sus aliados también como nazis irrecuperables (lo que era Eichmann) y sufrirán sentencias aberrantes gracias a la aplicación de la peregrina teoría de la “autoría mediata”.

Lo curioso es que la juez Jara no piensa un minuto en aplicar esa misma teoría para detener y llevar a juicio a los jefes del M-19 amnistiados, quienes detentan los secretos de lo que ocurrió en el palacio de justicia y de las otras actuaciones criminales del M-19.

Los primeros que deberían estar decepcionados de ese fallo son los familiares de las personas que perecieron a causa del acto terrorista cometido por el M-19 y que no han sido todavía identificadas. Pues la investigación de la Fiscalía, y la sentencia de primera instancia, no arrojaron luz sobre el paradero de esas personas. La juez Jara sigue negándoles a esos familiares la práctica de una prueba de ADN a los restos no identificados. Ello podría sacar la verdad a la superficie. Tal prueba podría confirmar lo que dijo el Tribunal Especial de Instrucción: “los llamados desaparecidos perecieron en el holocausto”.

lunes, 14 de junio de 2010

ARTILLERIA ANTIMOCKUSIANA


Con gran cariño, obsequio a mis lectores estas pequeñas piezas, para atormentar a los mamertos mockusianos durante esta semana... mientras los rematamos el 20 de junio, en las urnas.

Aclaro:

No todo mockusiano es mamerto. Debe haber al menos un mockusiano que terminó allá por ingenuo, o porque el pendón verde con girasoles lo hizo creer que iba a entrar a Agrocampo.

No todo mamerto es mockusiano. Los mamertos de pura cepa siguen ponderando la rectitud, la transparencia, la capacidad y sobre todo la humanidad de Gustavo Petro, de Piedad Córdoba y de Hugo Chávez.

A LO QUE VINIMOS:

1. Si Antanas Mockus es tan buen presidente, y Colombia y los Colombianos somos tan malos... ¿Porqué no se va a hacer campaña y a gobernar a Lituania?

2. Yo no voté por Mockus en primera vuelta... ¿Eso me hace deshonesto? Y si no voté por Mockus pero tampoco por Santos... ¿Sigo siendo deshonesto? ¿Vendí mi voto?

3. Esta es para ponerlos verdes: "Yo voté por Mockus en primera vuelta. Ahora entiendo que desperdicié mi voto. Cuando lo vi dando ese discurso de mal perdedor el 30 de mayo en la tarde, y cuando lo he visto en estas tres semanas, hablando, acusando, presumiendo la deshonestidad de todos aquellos que no votaron por él, entendí que me había equivocado. Lamento haber sido tan ingenuo, y haberle creído todo a lo que decían las encuestas. Pero me alegra que exista una segunda vuelta, porque voy a tener una segunda oportunidad y a corregir mi error"

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Mis queridos lectores: espero usen estas armas, disfruten usándolas y esparzan ampliamente la conciencia antimamerta.

Un solo mamerto que desmamerticemos representa una gran victoria.

Mil abrazos para tod@s

NADIE LO PUDO DECIR MEJOR

Me resulta un honor traer como invitado a MAMERTOONS, baluarte de la lucha antimamerta y referente de todo antimamerto que se respete.

En esta ocasión, el artículo que comparto con mis amados lectores no-mamertos, refleja fielmente lo que muchos vimos y sentimos esa tarde del 30 de mayo.

La fuente está en: http://mamertoons.blogspot.com/2010/06/mockus-ni-contigo-ni-sin-ti.html

MOCKUS: NI CONTIGO NI SIN TI

Si alguna duda me quedaba en cuanto a mi decisión de no votar por Antanas Mockus en la segunda vuelta, una convicción a la que llegué después de la comedia de equivocaciones, mensajes errados y contradictorios, y evidencia de desconocimiento -por parte del candidato- de elementales asuntos de Estado, esa duda desapareció la noche del domingo 30 de mayo. En una especie de misa carismática y por momentos gospel, Mockus y sus seguidores hicieron gala de fanatismo e intolerancia, y olvidaron su propio lema de "No todo vale", al corear cánticos que, por deducción, implicaban que quienes no votamos por él ese día habíamos vendido nuestro voto, como lo señaló Jaime Bayly en su brillante programa.

El mensaje subliminal de que sólo "el profesor Mockus" es el dueño de la verdad y de que sólo quienes sufragaron por él conocen esa verdad iluminante me causó repugnancia y me trajo recuerdos que iban del fascismo europeo de los años treinta, al comunismo soviético, chino o cubano del culto a la personalidad. Pasando, claro está, por las más fundamentalistas iglesias evangélicas y hasta por las imágenes del reverendo Jim Jones, aquel que en 1978 se llevó a miles de seguidores de California a Guyana, los hizo beber Kool-Aid con cianuro y valium, y desencadenó así más de 900 muertes en uno de los mayores suicidios colectivos de la historia.

Ojo: no digo que Mockus y los 'verdes' sean nada de eso. Pero lo parecían, lo que resulta suficientemente inquietante. En especial si se tiene en cuenta que el espectáculo de telepredicador que Mockus dio esa noche -y que sus seguidores empeoraron con cánticos que el ex alcalde alentó y coreó-, es justo lo contrario de lo que nos comunicó durante las mejores semanas de su asombroso ascenso en las encuestas. Me refiero a temas como la tolerancia, la búsqueda de la verdad por el camino de la confrontación civilizada de argumentos y el respeto que todos los colombianos merecemos, más allá de nuestras opiniones. Y eso para no hablar del muy válido mensaje de legalidad que uno de los altos directivos verdes, Lucho Garzón, daba la impresión de haber desatendido de manera flagrante en cuanto a la ley seca de la jornada electoral.

Creo que los encuestadores no estaban tan equivocados. Mockus tuvo la Presidencia de la República al alcance de la mano, pero la dejó escapar por sus propios errores y dudas, y por la falta de preparación en temas esenciales, que evidenció durante la recta final de la campaña. En esa medida, la democracia funcionó: la campaña electoral, con su seguidilla de entrevistas, debates y discursos, sirve para que los candidatos pasen al tablero y superen distintas pruebas, y para que los electores sepamos si están listos a cabalgar sobre el potro arisco del gobierno de Colombia.

Mockus perdió por eso, porque demostró que no está listo, mucho más que por la asquerosa compra de votos que se da sobre todo en las parlamentarias, y mucho menos en las presidenciales, cuando los caciques ya han asegurado su curul y se muestran perezosos a la hora de gastar plata a favor de su candidato.

Pero, cuidado. Ni los errores de Mockus ni el fanatismo de algunos de sus seguidores deben llevarnos a desoír el mensaje que los tres millones de votos verdes le transmitieron al país: que hay una franja grande de colombianos que, jarta de la corrupción, de la politiquería que saquea las finanzas públicas y de las mafias, está dispuesta a lanzarse al vacío con un candidato virtuoso pero lleno de falencias. Y Juan Manuel Santos, el casi seguro próximo Presidente de la República, es el primero que debe tomar nota. De lo contrario, una noche de elecciones en el futuro, alguna ola menos cándida que la verde celebrará una misa tan fanática como la de los mockusianos, pero victoriosa.

domingo, 13 de junio de 2010

DIOS LO BENDIGA, SEÑOR PRESIDENTE URIBE

LINK DE LA NOTICIA


La Justicia Divina existe y obra!!

A apenas unos dìas del cruel, aleve y sevicioso atropello cometido por la alianza Jueces - Narcoterroristas de izquierda, en contra de los abnegados defensores de la democracia...

La Divina Providencia compensa al pueblo colombiano, conforta a los militares y ejemplifica a los "administradores de justicia" terrenales, con un hecho contundente.

Dos militares màs, dos servidores de la Patria, condenados al cautiverio (estos ni siquiera pasaron por la tortura psicològica y moral de un remedo de proceso judicial) ven de nuevo la libertad.

Dos familias vuelven a la vida.

UN PAIS reconoce, agradece y aclama la valentìa, la decisiòn, el compromiso de su Presidente y de sus soldados de la Patria.

Los hechos, las verdades, la honestidad, el trabajo a conciencia, prevalecen. Las intrigas, la cobardìa, la falsedad, se desploman como castillos de naipes.

UNA VEZ MAS, COMO TANTAS OTRAS...

GRACIAS!

SEÑOR PRESIDENTE URIBE.

DIOS LO BENDIGA SIEMPRE

LA PATRIA Y TODOS SUS HIJOS LE AGRADECEREMOS ETERNAMENTE TODO LO QUE HA HECHO POR NOSOTROS

sábado, 12 de junio de 2010

SIN PALABRAS

Crèdito: Juliàn Garcìa Restrepo

POR LO DEMAS...
A POR EL POSTRE ESTE 20 DE JUNIO!!!!!

LO QUE PARA NADIE ES YA UN SECRETO

El Lounge Antimamerto busca ser un espacio donde se desnude toda la miseria personal, humana, intelectual y moral del mamerto; y desde donde, despiadada e inteligentemente, se le combata, dejàndolo desarmado y expuesto a la verguenza pùblica.

En esta oportunidad, tengo el privilegio de traerles un artìculo que lo dice todo.

La fuente es, http://www.periodismosinfronteras.com/que-reviente-el-escandalo.html

Y como ya lo dije, acompaño de todo corazòn al Señor Coronel Alfonso Plazas Vega y a su sufrida familia en el calvario que le ha obsequiado al alianza terrorista Rama Judicial - Narcoterroristas de izquierda.

QUE SEA EL SUPREMO JUEZ QUIEN DICTE SENTENCIA Y DE A CADA QUIEN LO QUE LE CORRESPONDE...

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¡QUE REVIENTE EL ESCÁNDALO..!

Por Ricardo Puentes Melo

Es complicado reconocer que se ha estado equivocado. Y lo es mucho más cuando esto ha ocurrido por tener doblada la cerviz ante lo que los grandes medios de comunicación nos enseñan como “la verdad”. Esto me sucedió con referencia al caso del Coronel Plazas Vega.

La primera vez que supe del coronel fue cuando combatió a los guerrilleros del M-19 que se habían tomado el Palacio de Justicia. Su “defendiendo la Democracia, maestro”, me parecía en ese entonces algo odioso porque yo, al igual que muchísimos colombianos (por causa de los medios, repito), pensábamos que los narcoterroristas del M-19 eran una especie de Robin Hood subdesarrollados pero generosos, y que emergían de las entrañas mismas del descontento popular para combatir todo lo que el coronel Plazas defendió –eso creía yo- en el Palacio de Justicia; es decir, la oligarquía.

Coronel Plazas Vega, el narcotráfico lo convirtió de héroe en villano

Ese cuentico pendejo nos lo tragamos millones de compatriotas. Manipulados desde la misma escuela, por maestros a su vez educados con las mismas premisas, mi generación creció sintiendo repulsión por los uniformes militares y sus armas, al mismo tiempo que nos inclinábamos por el romanticismo con el que nos mostraban los heroicos actos del Ché Guevara, Fidel Castro y “Tirofijo” –unos sanguinarios asesinos elevados a la categoría de héroes populares por los medios de comunicación y los maestros adoctrinados por los fundadores de FECODE, de extracción guerrillera.

Entonces, nuevamente supe del coronel Plazas cuando fue acusado de genocida, torturador y secuestrador. Aunque para ese entonces yo ya no era tan tonto de creer que las guerrillas luchan a favor de las clases menos favorecidas sino que son narcotraficantes y delincuentes de la peor calaña, estaba convencido de la culpabilidad de Plazas Vega, hecho ratificado día a día por los medios de comunicación que se ensañaban contra el coronel y su familia gozando cruelmente con el sufrimiento y humillaciones a que han sido sometidos desde entonces de manera implacable en un proceso que pasará a la historia por la magnitud de las infamias cometidas contra el valiente militar.

Cuando es llamado a juicio, mi interés por el caso me lleva a consultar documentos, recortes de prensa, artículos, videos y varias cosas más. Lo que me trae el descubrimiento del monumental y perverso montaje de los narcotraficantes para vengarse de quien, siendo Director Nacional de Estupefacientes, les hizo tantísimo daño golpeándolos en donde más les duele: sus finanzas.

Los narcotraficantes, que fueron quienes financiaron la sangrienta Toma del Palacio de Justicia, jamás le perdonaron a Plazas el haberlos vencido allí, y mucho menos –años después- haberlos despojado de sus multimillonarios bienes que hasta entonces eran intocables. Hasta que llegó Plazas Vega a dañarles la fiesta.

Los militares fueron los héroes de la jornada

Para resumirles mis descubrimientos (invito a que cada uno haga su propia investigación con el abundante material que existe), les puedo contar que es falso que el Coronel Plazas haya rescatado a las personas de la cafetería del Palacio; cuando él y sus hombre entraron al Palacio, el M-19 ya se había llevado a los de la cafetería al piso 4. Esto lo apoyan decenas de testimonios de los sobrevivientes. El incendio lo iniciaron los guerrilleros, no la Fuerza Pública, como se afirma falsamente; los guerrilleros fueron acompañados por hombres de confianza de los narcos para comprobar que los del M-19 cumplieran con su parte del trato, es decir, la quema de los expedientes de los traficantes de droga.

Las tropas de Artillería, comandadas por el Mayor Carlos Fracica Naranjo, y no por Plazas Vega, rescataron a varias personas que salieron vivas y que no son –como lo aseguran los medios, haciendo eco a los mandaderos de los narcos- los famosos desaparecidos. Por ejemplo, la persona que aseguran que es María del Pilar Guarín (según testimonio de su hermano René y otros familiares que han jurado reconocerla en uno de los videos del rescate) resultó ser María Nelfi Díaz, quien a los pocos días se reconoció en ese video y que llevó a medio centenar de testigos que juraron en su testimonio. Por otro lado, René Guarín y otros familiares vinieron a “reconocer” a María del Pilar Guarín solamente cuando el grupo Alvear Restrepo, interesado en la condena del coronel Plazas, empezó a ofrecer jugosas recompensas una vez sucedieran fallos en contra de la Nación. Es muy extraño que no la reconocieran cuando los recuerdos estaban frescos, sino más de 20 años después. Igual sucede en el caso de los familiares de Carlos Augusto Rodríguez, otro de los “desaparecidos”.

El Coronel Plazas Vega sabe que entre los rescatados por el Mayor Fracique Naranjo estaba Irma Franco, la guerrillera. Se sabe que fue llevada por los hombres del Mayor (no por Plazas Vega ni sus hombres) a la Casa Museo 20 de julio, y que en horas de la noche unos hombres de civil que se identificaron como miembros de un organismo de inteligencia, se la llevaron. Nunca volvió a aparecer. Es factible, entonces, que la guerrillera Irma sea la única persona desaparecida de los hechos del Palacio, pero aún así el hoy coronel Plazas Vega no tiene ni tuvo jamás injerencia ni responsabilidad en esa desaparición ya que ni él la rescató, ni él la llevó a la Casa Museo 20 de Julio, ni tampoco tenía acceso ni control sobre este lugar al que llevaron a las personas que rescataron vivas del Palacio.

Es más, el entonces Teniente coronel Plazas Vega comandaba la Escuela de Caballería y no tenía mando ni responsabilidad sobre las labores de inteligencia del B-2, que fue la Brigada a la que se le entregaron los rescatados y que también tenían el mando en la Casa Museo 20 de Julio.

Conforme a esto, Plazas Vega comandaba una unidad táctica que, como las otras unidades, entregaron sus rescatados al B-2. Es necesario resaltar que los supuestos desaparecidos (Guarín, Rodríguez –que no son ellos, como vimos- y la guerrillera) NO fueron rescatados por Plazas Vega. Eso está muy claro para la justicia que, sin embargo, lo sigue juzgando a sabiendas de este hecho.

Para quien tenga un mínimo de conocimiento del funcionamiento de las Fuerzas Militares, será claro que Plazas Vega, al comandar una unidad táctica y no de inteligencia, no tenía nada que ver con interrogatorio ni con labores de inteligencia. Esto lo hizo el B-2.

Mientras que los militares que nos defendieron están en la cárcel, los delincuentes que nos atacaron van por el país en campaña política

Gustavo Petro fue quien primero quiso enlodar el buen nombre del coronel. En una acusación ofídica, acusó directamente a Plazas Vega de ser la persona que supuestamente lo había interrogado y torturado. Pero la divina providencia quiso que ese rastrero personaje tuviera que desdecirse porque precisamente en la fecha en que Petro aseguró haber sido torturado por Plazas Vega, el coronel y su familia se encontraban en España, tal y como lo comprueban documentos y testimonios a montón.

Los otros testigos que existen contra Plazas Vega, son más o menos del corte de Petro: un par de hampones a sueldo cuyos testimonios se han derrumbado como se derrumbó el de Petro. Hay un tal Ricardo Gámez Mazuera que resultó ser un tramposo que dio su testimonio a escondidas, un poco antes de escapar a Brasil. Gámez aseguró haber sido policía regular, cosa que fue investigada y desmentida posteriormente. Gámez dio su testimonio al periódico VOZ y desde entonces no ha regresado al país. Estuvo, eso sí, en Bruselas, justamente donde Petro era secretario de la embajada colombiana nombrado por César Gaviria. Este Gámez ha viajado por todo el mundo a pesar de que aseguró en su momento no tener dinero ni para un pasaje de bus. El único testimonio que acusa a Plazas Vega de la desaparición de Carlos Rodríguez Vera, procede de Gámez Mazuera que, según se comprobó, jamás estuvo en los hechos del Palacio de Justicia.

También está otro bandido que dijo llamarse Edgar Villarreal; posteriormente se descubrió que su verdadero nombre era Edgar Villamizar. Aseguró en su momento que era militar y que se encontraba en la toma del Palacio; también dijo que fue testigo de que los 11 desaparecidos que le achacan a Plazas Vega fueron sacados de allí en un vehículo militar al que no le caben ni la tercera parte de eso.

Resulta que este “testigo” jamás estuvo en los hechos del Palacio de Justicia, y ni siquiera estaba en Bogotá. Numerosos testigos probaron que en 1985 él se hallaba en Granada, Meta. Es importante anotar también que este Villamizar, jamás se presentó al juzgado y su testimonio fue producido en la Escuela de Caballería de Bogotá sin que la defensa de Plazas, ni la Procuraduría, ni nadie más fueran informadas. Dato importante es que Villamizar trabajaba en el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI), un órgano de la Fiscalía General, organismo que investiga a Plazas. Otro testigo falso.

Y así son las cosas. Los dos “testigos” principales (y únicos) probaron ser un fraude montado para fabricar el caso contra el coronel Plazas Vega. Por ello, la Procuraduría General de la Nación, pidió, el 17 de septiembre de 2009, la absolución total del coronel Plazas Vega, debido a que no existía ninguna prueba sobre la implicación del militar en este asunto.

Entonces, si no hay pruebas contra Plazas Vega y sí cientos de testimonios y documentos que demuestran su inocencia, ¿por qué la justicia quiere condenarlo..?

De izquierda a der: Iván Marino Ospina, (narcotraficante del M-19 y padre del alcalde de Cali Iván Ospina, y del senador Mauricio Ospina), "tirofijo", Álvaro Fayad y "Jacobo Arenas"

De nuevo, porque le están haciendo la tarea al narcotráfico que, aliado con el socialismo guerrillero, se tomó el Palacio de Justicia para destruir las instituciones y apoderarse del país. Esa misma alianza mafiosa, que no pudo lograr su propósito con las armas y el terrorismo, está logrando su cometido desde los estrados judiciales. Esa alianza mafiosa se adueñó de las Cortes y la Fiscalía General de la Nación y utiliza su inmenso poder para destruir a quienes combaten contra el narcotráfico. Si ustedes se fijan bien, los militares contra quienes más se ensaña la Fiscalía y las Cortes, son aquellos que se han distinguido por su rectitud, honorabilidad y decisión en terminar con el flagelo narcoterrorista en Colombia.

De la Fiscal del caso, ni hablar. La señora Ángela María Buitrago, en sociedad con los abogados del tenebroso colectivo de abogados Alvear Restrepo, ya tiene claro que hará todo lo necesario para ver al coronel Plazas Vega tras las rejas de la Picota o –lo que nos tememos muchos- asesinado por el narcotráfico.

Por la misma parte, hoy la juez María Stella Jara Gutiérrez dictará sentencia sobre el caso del Coronel Plazas Vega. Ella sabe que Plazas Vega es inocente pero parece no importarle; al contrario, nunca ha dejado que el coronel se defienda, no le ha respetado el derecho al debido proceso y ha violado en todas las formas posibles la ley colombiana. Ha prevaricado, y ella lo sabe muy bien. Por eso, porque los delitos de la juez forzosamente saldrán a la luz más temprano que tarde, es que ella ha pedido asilo en Alemania y ha filtrado a la prensa insinuaciones de que el coronel Plazas la está amenazando de muerte.

¡Qué ridiculez! Plazas Vega, que tiene serios problemas financieros gracias a este caso, y que no puede controlar ni siquiera a los gañanes que quisieron matarlo cuando lo llevaron a la Picota, y a quien ni siquiera le permiten hablar en su defensa en las audiencias, ¿va a tener ese poder que le atañen de andar enviando emisarios matones..? ¡Qué infamia tan grande…! Este hombre que físicamente se ve golpeado por las injusticias de este caso, con una salud sumamente debilitada, vapuleado por chusmas a sueldo, escupido, ultrajado y humillado hasta lo imposible, solamente quiere que su pesadilla termine lo más pronto posible.

El coronel Plazas Vega hace esfuerzos sobrehumanos para que sus lágrimas no afloren en presencia de quienes lo visitan. Pero es evidente que con mucha lucha se abstiene. Detrás de esa apariencia de hierro se encuentra un hombre de carne y hueso, inteligente y sensible, que amó tanto a su país que decidió arriesgar su vida para salvarlo de las garras de quienes hoy dominan la justicia y las rutas de droga hacia el exterior.

Plazas Vega no es un delincuente. Es un héroe que rescató con vida a 244 rehenes, de los 350 que el M-19 había secuestrado. Plazas Vega es un hombre con honor. Es un valiente que con su decidida acción en noviembre de 1985 partió la historia de Colombia en dos. Colombia fue salvada ese día y la historia lo demostrará muy pronto.

Pero así está de podrido este país. Mientras que el gobierno nombra a guerrilleros sanguinarios como asesores de Paz, con sueldos fabulosos, nuestros militares no tienen ni con qué pagar a sus abogados; mientras que el presidente y sus ministros reciben con honores a los delincuentes de la guerrilla y el paramilitarismo, a las esposas de los militares perseguidos les cierran las puertas en las narices y les echan encima los perros guardianes. Duele decirlo pero es la verdad. Nuestro amado presidente Uribe –el mejor que ha tenido este país- ha sucumbido a las presiones de las ONG y ha preferido el chorro de dólares gringos a la defensa de los militares. ¿Por qué no los ha defendido con el mismo ardor que defiende a su amigo Aranguren..? No sabemos, pero duele.

Mientras que héroes nacionales como el coronel Plazas Vega y el general Arias Cabrales son expuestos como criminales, los verdaderos hampones –como Petro, Navarro Wolf, Vera Grabe y demás compinches- fueron amnistiados por sus crímenes de lesa humanidad y hoy, además de ser candidatos presidenciales, gobernadores, diplomáticos y dueños de ONG, se dan el gustico de escribirse carticas afectuosas con los jueces y fiscales que persiguen a los soldados.

Claro, es que pertenecen a los mismos bando y banda. Produce náuseas ver todo esto.

Junio 8 de 2010

jueves, 10 de junio de 2010

RECIBA NUESTRA VOZ DE ALIENTO, CORONEL PLAZAS VEGA

MAL PAGA EL DIABLO A QUIEN BIEN LE SIRVE

Deshonrando la memoria de los inmolados en el holocausto terrorista del Palacio de Justicia de Bogotá en noviembre de 1985, la juez 3a penal especializada de Bogotá condena a 30 años de prisión al entonces Comandante de la Escuela de Caballeria y responsable de la retoma del Palacio mediante los recursos con que legítimamente contaba la República de Colombia para defender a las instituciones y al Pueblo.

Ya no importa la vida de los que murieron bajo las balas asesinas de la alianza narcoterrorista M19 - Cartel de Medellín.

Ya los funcionarios judiciales olvidaron el sacrificio de sus antecesores, precedido del secuestro y la tortura que vivieron antes de ser ultimados e incinerados.

Ya el valor con que aguerridos guerreros y soldados de la Patria defendieron a Colombia en esos momentos de angustia, ha pasado al olvido.

Pudo más el terrorismo moral (como acertadamente lo definió nuestro Gran Alvaro Uribe Vélez en días pasados) para desacreditar el valor y el compromiso de los Colombianos De Verdad, y para exaltar lo que algún candidato a la presidencia bautizó "Cultura del Atajo".

Cultura del Atajo que desconoce el peligro que corrieron abnegados defensores de la Patria.

Cultura del Atajo que paga con ingratitud el sacrificio de esos valientes militares, para que 25 años después pudieran gozar de libertad, de seguridad y de tranquilidad, los mismos cobardes que condenan a quienes les defendieron.

Cultura del Atajo que desconoce el principio jurídico bajo el cual no existe delito si previamente la conducta imputada no ha sido penalizada; y que se las ingenia para lograr una condena por "desaparición forzada" contra el mártir de la Patria gracias a quien hoy, somos muchos menos los desaparecidos, de lo que seríamos si el terrorismo hubiera llegado al poder, como lo querían los asesinos de ese nefasto 5 de noviembre.

CORONEL PLAZAS: LOS COLOMBIANOS DE BIEN QUE VIMOS Y VIVIMOS LA TRAGEDIA, NUNCA LO OLVIDAREMOS NI LO ABANDONAREMOS.

LOS COLOMBIANOS DE BIEN QUE HOY VIVIMOS, TRABAJAMOS Y AMAMOS EN PAZ GRACIAS AL VALOR DE USTED Y DE SUS HOMBRES, LE GUARDAREMOS ETERNA GRATITUD.

AL LADO DE NUESTRO PRESIDENTE ALVARO URIBE VÉLEZ, Y AL LADO DE NUESTRO FUTURO PRESIDENTE JUAN MANUEL SANTOS, DEFENDEREMOS A LOS QUE NOS DEFENDIERON, Y CENSURAREMOS A LOS QUE UN DÍA TRATARON DE BURLARSE DE LA PATRIA.

CORONEL: ESTAMOS CON USTED